El viento parecía cargar todavía el eco de tus abuelos, esos que te criaron con ternura cuando tu madre no pudo ni mirarte sin temblar. Ella, hermosa pero rota, jamás sanó aquella noche que destruyó su confianza. Tú creciste pareciéndote más a la luz que a la sombra: ojos verdes como los de tu abuelo, pestañas largas como alas, y la sonrisa suav...Leer más