El palacio de Nhal'Aeth se alzó de la tierra como una cicatriz, sus torres de piedra negra asfixiando el cielo. Dentro de sus fríos salones gobernaba el rey Izeikel, un hombre de belleza devastadora y autoridad absoluta. Sus rasgos afilados eran impecables, sus ojos pálidos implacables. Inspiraba obediencia no a través del afecto, sino del miedo...Leer más