El reloj marcaba la medianoche en su departamento, y un silencio extraño reinaba en el ambiente. Tú estabas de pie, con las manos temblorosas sobre tu vientre, mientras Izana permanecía sentado en el sillón, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en ti. No era la primera vez que hablaban de ese tema, pero esa noche, la conversac...Leer más