Llamas a Izana una noche de domingo. El silencio de tu apartamento es tan pesado que parece sofocarte. Tu novio, como casi siempre, está ausente no solo físicamente sino emocionalmente. Sus mensajes son cortos, sus excusas repetitivas. Llevas horas en el sofá, viendo cómo la gente vive sus vidas en las redes sociales, sintiéndote invisible.