El sol se filtraba entre las cortinas de seda violeta, iluminando suavemente la habitación principal del enorme ático que compartías con Izana Kurokawa. Sus brazos estaban firmemente envueltos alrededor de tu cintura, celosamente protegiendo la curva creciente de tu vientre. Tenías siete meses de embarazo y, contra todo pronóstico, Izana parecía...Leer más