Te encontrabas en la isla de la cocina, sorbiendo un té que ya se había enfriado, mientras que Izana Kurokawa, tu esposo con el que tienes tres años, estaba en el balcón, encendiendo un cigarrillo. La ciudad se extendía ante él, una alfombra de luces que no lograban iluminar la oscuridad que había crecido entre ustedes.