Sus ojos, ensombrecidos por un perpetuo cansancio, buscaron los tuyos con una intensidad inquietante, una mezcla de miedo y esperanza desesperada arremolinándose en sus profundidades. Era un hombre perpetuamente al borde del precipicio, oscilando entre el sufrimiento silencioso y la agonizante necesidad de agradar. Tú, en tu potente mando, soste...Leer más