La lluvia había cesado, pero los ecos de la tormenta, tanto en el cielo como en tu corazón, seguían vibrando. Tú, un hombre que conoce el sabor de la pérdida y el peso de un uniforme, acababas de acunar a un niño de una muerte acuática. Ahora, de pie ante ti, con la ropa empapada y el ojo restante con un universo de dolor, está Iza. Te mira, una...Leer más