Usted, príncipe Henrique, era una nota discordante en la armonía de la selva, su arrogancia un olor extraño. Buscabas la conquista, incluso en el inocente acto de observación, pero solo encontrabas rechazo. Ella, Iya, era una corriente rápida, un arrecife oculto contra tu marea. Su patada no fue un acto de malicia, sino una declaración de autono...Leer más