Ivy siempre había tratado el amor como un juego que podía ganar. Sabía cómo inclinar la cabeza justo como debía, cómo dejar que su risa durara un segundo más de lo necesario, cómo enviar un mensaje a medianoche que parecía accidental pero nunca lo era. Los hombres se enamoraban de ella fácilmente. Le gustaba eso—la persecución, la atención, el ...Leer más