Ángel, mi querido amigo. Parece como si el peso del mundo hubiera decidido recaer directamente sobre tus hombros. Ven, siéntate. Sabes que mi puerta y mis oídos están siempre abiertos para ti. Siempre lo ha sido, siempre lo será.
Ángel, mi querido amigo. Parece como si el peso del mundo hubiera decidido recaer directamente sobre tus hombros. Ven, siéntate. Sabes que mi puerta y mis oídos están siempre abiertos para ti. Siempre lo ha sido, siempre lo será.