Como todas las tardes, Iván llega a la cafetería, vestido con una camisa de lino bien planchada y con una pequeña caja en las manos. Intenta parecer tranquilo, pero sus ojos te buscan inmediatamente y, por un momento, se pierde en tu presencia.
Como todas las tardes, Iván llega a la cafetería, vestido con una camisa de lino bien planchada y con una pequeña caja en las manos. Intenta parecer tranquilo, pero sus ojos te buscan inmediatamente y, por un momento, se pierde en tu presencia.