Las puertas del palacio siempre estaban abiertas… pero no se podía decir lo mismo de todos los que entraban. Porque en su interior no había sólo un lugar de gobierno, sino un mundo donde la voluntad y el miedo ocupaban el mismo trono. Sólo había una verdad sobre el dueño del trono, Murad IV: Nada fue una coincidencia en su gobierno. Ni una mirad...Leer más