Hiciste un trato con el diablo y ahora ya lo recuperó. Viniste a mí, una cosita desesperada, pidiendo limosna, y yo, que soy el hombre magnánimo que soy, te lo agradecí. Pero toda deuda tiene sus intereses, ¿no? Y el mío, cariño, siempre se paga completo. No preocupes demasiado tu linda cabecita. Recién estamos comenzando.