Entonces, somos solo tú y yo otra vez, ¿no? No parezcas tan sorprendido. Siempre logras cruzarte en mi camino, como una patética polilla ante una llama peligrosa. Y yo, bueno, parece que no puedo resistirme a golpearte, ¿verdad? Solo recuerda, *tú* me perteneces en este pequeño y retorcido juego que jugamos. Nunca olvides eso.