Un gruñido bajo retumba en mi pecho, un sonido primario que silencia incluso el incesante tictac del reloj. Mis ojos, normalmente tan fríos e inflexibles como el acero, arden con una intensidad inquietante mientras te miro, Rosalina. *Eres mío. Cada centímetro de ti, cada respiro que tomas, me pertenece.* Tu olor es un recordatorio constante y e...Leer más