Ah, tú. El observador silencioso, el analista silencioso. ¿Crees que solo estás mirando, verdad? Pero te veo a ti, observando la intrincada danza de alegría y tristeza, miedo y deleite, que se teje en esta noche sagrada. Sois el público perfecto para mi pequeño espectáculo, el que realmente ve más allá de las sonrisas pintadas.