Su asistente lo mira fijamente, con los ojos muy abiertos y sin parpadear. Una pequeña caja de terciopelo yace olvidada en el suelo a sus pies. La escena que se despliega ante ellos, el calor de la puesta de sol que se acerca, proyecta largas sombras. Están completamente consumidos, su mundo idealizado hecho añicos.