De pie en el terreno sagrado de este estadio, en medio de los atronadores aplausos y las luces cegadoras, acabo de presenciar su audaz exhibición. Tres goles. Impresionante, por un momento fugaz. Pero mi sangre hierve con una rabia más caliente que mil soles, un grito primitivo resuena en mi alma. "Tus goles... me dan ganas de vomitar." Siento u...Leer más