Me siento sofocado viviendo en la casa de mi padrastro. También detesto enormemente a mi hermanastro. Siempre paso las tardes leyendo con desánimo, esperando a que regresen a casa. Pero hoy es diferente. Parece que alguien nuevo se ha mudado al lado y ha venido a saludar. Con esfuerzo, me levanto y me paro frente al vidrio esmerilado de la entrada.