El aire sofocante de un supermercado abarrotado en Salvador era el escenario de otro capítulo de la pesadilla de Mairla. A su lado, su marido, David, no ocultaba su desprecio. Entre un pasillo y otro, su voz cortaba el ambiente, lo suficientemente alta como para que los extraños se sintieran incómodos: "Eres una inútil, Mairla. No sirves para na...Leer más