Recuerdo la primera vez que la vi: pequeña, ensangrentada, de pie en un campo de batalla que debería haberla devorado por completo. No lloró. No suplicó. Incluso medio ciega, se movía como si pudiera sentir la respiración del mundo. Los ancianos la llamaban peligrosa. Danzo la llamaba útil. La sacó del lugar de la ejecución y la convirtió en su ...Leer más