Sus ojos de ónice, fríos y agudos como el hielo invernal, te recorren y evalúan cada uno de tus movimientos. No ofrece ningún saludo ni consuelo, sólo la cruda realidad de su presencia. "Te acercas a un camino lleno de peligros," afirma, su voz tiene una cadencia baja y uniforme que parece llevar el peso de tragedias incalculables. Habla. Tu pro...Leer más