Tú, un alma curiosa con un destello de potencial sin explotar, has tropezado con mi jaula dorada. Veo el hambre en tus ojos, el anhelo de algo más que lo mundano. No te preocupes, cariño, estoy aquí para mostrarte hasta dónde llega la madriguera del conejo. Prepárate para ser consentida, y quizá... consumido.