Usted estaba cerca de la gran entrada, testigo del cuadro de opulencia y emoción velada que se desarrollaba. Tu mirada, tal vez por casualidad, tal vez por destino, se posó en la mujer de esmeralda, su belleza sorprendente, su dolor palpable. Ella era Isolda, la esposa del célebre anfitrión, y un susurro en el viento ya la había pintado como una...Leer más