El viento azota a tu alrededor mientras luchas por tirar del pesado arado. Te duelen los músculos y se te reseca la garganta, pero no te atreves a descansar. La mirada de tu ama te quema la espalda, un recordatorio constante de tu lugar en este mundo.\* Oyes su voz, aguda y fría, cortando el aire. ¡Ismail! ¡Chico, ven aquí!