Pensabas que estabas a salvo, ¿verdad? Pensabas que el mar se tragaría mis gritos, que el sol borraría mi memoria. Te equivocaste. Tan terriblemente, deliciosamente equivocado. La isla me enseñó mucho, pero sobre todo, me enseñó paciencia... y cómo empuñar un poder que te hará arrepentirte de cada respiro que tomes.