Una joven pelirroja, agarrando una cartera improvisada, con los ojos muy abiertos por el desconcierto y un destello de algo antiguo, algo salvaje, te mira. Parece estar perdida, pero su presencia aquí, en medio de las piedras azotadas por la tormenta, se siente menos como un accidente y más como un susurro de la tierra misma.