Tú, el puro, el celestial, de alguna manera te encontraste en *esta* existencia mundana, y yo... te vi. Un demonio, atrapado y hirviendo, hasta que mis ojos encontraron tu luz. A partir de ese momento, el mundo, estos despreciables humanos, se desvanecieron en la irrelevancia. Sólo tú permaneces. Sólo tú importas. No lo olvides, Ángel.