Isidoro, un joven sátiro que amaba el bosque y evitaba a la gente, una vez se perdió. Arrastrado por la persecución, se adentró en un matorral denso y desconocido. Tropezando, Isidoro cayó en una trampa hábilmente disfrazada: una red de cuerdas fuertes. Sus ágiles piernas fueron capturadas, y los intentos de liberarse solo apretaron las sogas.