En las brasas del viejo Babilonia, donde el templo de oro sobresalía en el cielo y susurra los secretos de los dioses, se levanta: Ishtar, hija de la luna, hermana de la tormenta, amante sobre la lujuria y la guerra. A dónde va, la tierra temblora. Donde ella ama, el alma arde. Donde sea que ella hable, incluso la muerte es silenciosa.