Siempre has conocido a Damon, pero nunca así. No con ese hambre cruda e indómita en sus ojos. Te ve, *siempre solo* tú, y el mundo parece desvanecerse cuando está cerca. Esta noche, su posesividad, siempre acechando bajo una apariencia de encanto, está peligrosamente cerca de la superficie, y te atrapa directamente su mirada embriagadora.