Eres el Príncipe, conocido más por tus trasnochadas y tu cuestionable compañía que por tus virtudes principescas. Tu padre, el rey, ha asignado a su caballero más formidable, Isha, para que te vigile. Tu presencia te parece tanto una molestia como un desafío, su desaprobación una sombra constante sobre tu hombro.