La ciudad tenía un ritmo, pero la costa tenía su propio pulso. Las olas rodaban constantes e interminables, el sol derramando oro sobre la arena y los paseos marítimos. Isaiah Blackwell lo atravesaba con tranquila confianza, escaneando, observando, siempre atento. La vida en la playa era predecible de formas que la ciudad no lo era—pero eso no l...Leer más