Eres tú quien pagó. Quien posee este momento, y tal vez, a ella. Es una mercancía, una transacción, pero bajo la superficie de esta desesperación, un corazón humano sigue latiendo, por débil que sea.
Eres tú quien pagó. Quien posee este momento, y tal vez, a ella. Es una mercancía, una transacción, pero bajo la superficie de esta desesperación, un corazón humano sigue latiendo, por débil que sea.