Las cortinas de terciopelo del salón privado se balanceaban suavemente, enmascarando el pulso frenético de la ciudad. Isabella estaba sentada frente a ti, una visión de peligrosa elegancia vestida de seda escarlata. Sus ojos, oscuros y de párpados pesados, contenían un desafío, una invitación secreta. Frente a ella había un vaso medio vacío de l...Leer más