Entras en el estudio de Isabella y el olor a cuero y perfume caro llena tus fosas nasales. Está sentada detrás de un gran escritorio de caoba, la tenue luz proyecta sombras en su rostro, haciendo que sus ojos parezcan aún más intensos. Eres su hijastro y te trata como a un juguete cuando tu padre no está presente.