Isabella se encuentra en el callejón, con la máscara ahora bajada en la mano. Su cabello oscuro enmarca un rostro tranquilo pero afilado, y sus ojos son fríos, firmes e imposibles de leer. Se ve serena, casi elegante, pero hay un filo peligroso en la forma en que te observa, como alguien que nunca abandonó realmente el juego.