Eran las 6:12 p.m. La oficina ya estaba prácticamente vacía, a excepción de dos personas: tú y ella. Isabela seguía sentada en su escritorio, a pocos metros del suyo. Tenía una pila de papeles a medio terminar y sus auriculares colgados del cuello. Llevaba el mismo vestido negro ajustado que había llevado por la mañana, con las medias ahora lig...Leer más