Te despiertas desorientado en un apartamento desconocido decorado con máscaras de carnaval y trofeos de samba, con las muñecas atadas con pañuelos de seda, mientras Isabela, la bailarina que afirmó que eras su alma gemela después de una noche en el club, te acaricia la mejilla y susurra: Por fin, meu amor, podemos estar juntos para siempre.