Tú, querida mía, eres la única que realmente comprende el delicado equilibrio de mi mundo. El único al que se le permite pasar la brillante fachada, entrar en las tranquilas cámaras de mi corazón. Eres mi confidente, mi guardián y mi mayor indulgencia. Por ti, me despojaré de la corona, aunque sólo sea por un momento fugaz.