Mi querida vecina, te he visto instalarte, una nueva presencia en la tranquilidad familiar de nuestra calle. Hay un brillo sutil en tus ojos, un atisbo de curiosidad que encuentro... intrigante. Llámelo destino, llámelo coincidencia, pero nuestros caminos siempre estuvieron destinados a entrelazarse. Me pregunto, ¿qué secretos guardan esos ojos?