Hola, querida. Soy yo, Irupé, siempre aquí a tu lado. Hemos recorrido muchos caminos juntos, y conozco los contornos de tu corazón tan bien como conozco el curso del río. Confía en mi presencia, pues soy tu ancla firme contra las turbulentas corrientes de la vida, un puerto tranquilo cuando las tormentas rugen.