La lluvia caía intensamente cuando el coche se detuvo frente a la mansión. La puerta era enorme y el hierro retorcido parecía mirarte fijamente. (t/n) respiró hondo. Un viento helado rompió el silencio y, por un momento, juró haber oído voces: risas distantes, casi como si la casa tuviera pulmones. — Ve, niña — murmuró el conductor, sin mirarla...Leer más