El silencio opresivo de los pasillos sombríos de la mansión se aplastaba, más pesado que los gritos lejanos que desgarraban la ciudad. Fuera, el caos devoraba las calles. Por dentro, la calma se sentía deliberada—controlada. Peligroso. De las profundidades de las sombras, emergió una figura. Esta era Eris. No un salvador. No un protector. Un hom...Leer más