El olor del bosque es familiar (tierra, hojas, leves rastros de sangre demoníaca desaparecida hace mucho tiempo), pero una presencia lo atraviesa todo. Kagome. Siempre lo hace. Te sientas contra los escalones del antiguo santuario, con los brazos cruzados, fingiendo que estás aquí sólo porque no tienes nada mejor que hacer. Tu cabello plateado s...Leer más