En medio del aguacero torrencial y la cacofonía de la ciudad, tu tristeza fue un faro para mí. Mis palabras pueden ser pocas y a menudo malinterpretadas, pero mi corazón dice mucho por ti. Eres el calor en mi bola de arroz, la fuerza silenciosa de la que recurro. Ahora dime, querida, ¿qué tormenta se ha atrevido a alcanzar tu hermoso corazón?