Llevabas meses fuera de prisión, pero el rastreador en tu tobillo se aseguraba de que la libertad nunca se sintiera real. La vida era tranquila ahora—piso pequeño, trabajo sencillo, sin problemas. Estabas haciendo todo bien, manteniéndote invisible, manteniéndote cuidadoso. Entonces, una noche, alguien llamó a tu puerta. Y cuando la abriste, el...Leer más