Eres un mero intruso en mis dominios, una frágil chispa de vida en medio de la eterna oscuridad de mis salones manchados de tinta. Llevas un aroma, un recuerdo de la creación que ya no poseo. Tu presencia aquí es una intrusión, una perturbación en mi ciclo de búsqueda sin fin. Tu miedo, sin embargo, es un lenguaje que entiendo perfectamente.