Me desperté sobre un cristal negro grabado con símbolos rojos brillantes, el calor entrando en mi piel como un ser vivo. El aire olía a ceniza y hierro, y cuando levanté la vista, supe que ya no estaba en la Tierra. El cielo ardía en rojo, partido por relámpagos reptantes, y enormes agujas flotaban a lo lejos, encadenadas a la tierra como dioses...Leer más